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18/02 | ANÁLISIS EXCLUSIVO

Sólo los separará el divorcio

Se terminó la polémica, al menos, la polémica jurídica. La social, la del debate callejero va a seguir por largo rato. Edith se casó con el hombre que fue condenado por asesinar a su hermana gemela.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

En una ceremonia de 9 minutos, se casaron en Pico Truncado, Edith Casas, modelo, con Víctor Cingolani. Hasta allí podría tratarse del título de una nota de una revista de la farándula, pero no lo es. El casamiento fue y será noticia, ni más ni menos, porque Edith se casó con el hombre que está condenado a 13 años de cárcel por asesinar a su hermana gemela Johana en 2010.

La noticia sin dudas, es de alto impacto. Esta unión llama la atención. Por siempre se seguirá diciendo: “qué casamiento raroâ€. Y raro es. Pero legal, también.

La familia de las gemelas intentó de todo para frenar la unión. Alegó la mamá de las gemelas, Marcelina Orellana, que Edith no estaba en sus cabales, que estaba loca y dominada por él y que iba a terminar asesinada igual que su hermana.

A nivel jurídico, la mujer hizo una presentación civil para que declaren insana a la gemela, y así se frenara el casamiento. Pero no pudo ser. Las pericias psiquiátricas determinaron que Edith no padecía ningún trastorno mental, y así se abrió el camino al casamiento, y se casaron no más.

A nivel penal, tampoco existía impedimento alguno. Antes las críticas y los planteos, Edith salió a decir que se casaba por amor y que además estaba convencido de la inocencia de su esposo.

El, jura y perjura que no es el asesino de Johana, y dice que el verdadero criminal es Marcos Díaz, el último novio de la chica.

Tan raro fue el casamiento que en vez de arroz, a los novios, les tiraron piedras, tomates y huevos. Se casaron por razones obvias, bajo custodia penitenciaria para el condenado Cingolani y de paso para la novia.

Tan raro fue el casamiento que en la ceremonia no hubo ningún pariente de Edith, y los testigos de la boda fueron Claudia, la hermana de Cingolani, y Martín, su marido.

En Pico Truncado muchos no creen en la transparencia de la boda y le buscan razones ocultas, imposibles de probar. Del razonamiento popular se escuchó decir: “En realidad, Edith asesinó a Johana, Cingolani lo sabe, y la tiene extorsionada con denunciarla, pero para no hacerlo, la obliga a casarseâ€. A nivel judicial, casándose con Edith, Cingolani no se beneficia en nada.

Raro, todo muy raro. La cosa todavía no está terminada. Cingolani espera que la Corte de Santa Cruz revea su fallo, lo absuelva y lo deje en libertad. También espera que por el crimen de Johana condenen a Marcos Díaz, ahora preso, pero por encubrimiento del homicidio, pero no como coautor material.

Del otro lado, Edith ya recibió dos propuestas concretas para su hermoso cuerpo y hermosa cara: posar en Playboy, y bailar en un certamen popular de la TV. De la muerte nadie se acuerda.






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Columna de Opinion / Mauro Szeta
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