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24/09 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
Una muerte evitable, una condena justa
Aprovechando una libertad legal, pero inapropiada, el asesino hizo lo que sabía hacer: violó y mató. Fue condenado por un Tribunal oral a perpetua tras intentar una defensa increíble. Obtuvo beneficios y salidas especiales. El fallo de la casación, finalmente, hizo justicia.
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
El asesinato de Soledad Bargna en Caballito, en 2009, era un crimen evitable. Pablo Díaz, su asesino, debía estar preso, pero por la decisión legal, por falta de sentido común de un juez, estaba libre, gozando de salidas transitorias por un ataque similar.
Aprovechando una libertad legal, pero inapropiada, Díaz hizo lo que sabía hacer. Le tocó el timbre a su vecina Soledad, con algún pretexto, y en minutos la atacó con un claro objetivo: someterla sexualmente. Así la terminó matando.
Después intentó disfrazar todo. Se cortó asimismo con un cuchillo para hacer creer que delincuentes habían entrado a robar al edificio, y que después de apuñalar a Soledad en un robo común lo habían atacado a él porque había intentado salvar a la chica. No le creyeron, y quedó preso.
Ahí se supo que Díaz había sido condenado a 12 años de cárcel por un ataque sexual similar, y que por decisión del juez Axel López gozaba de salidas transitorias. La decisión del juez era legal pero con falta de sentido común. Es decir, los fríos números le daban para dejar libre a Díaz, pero no estaba obligado, y sin embargo, lo liberó igual.
Tiempo después Díaz fue condenado por un Tribunal oral a perpetua. En el debate intentó una defensa increíble. Como el asesinato no lo podía negar quiso hacerle creer a los jueces que no había existido un ataque sexual y que en realidad él mantenía una relación amorosa clandestina con la chica, y que en ese marco una relación sexual consentida había derivado en una pelea posterior y en un crimen. Lo que buscaba Díaz era bajar la condena. Restándole el ataque sexual, podría evitar la perpetua, pero no pudo.
Mientras las partes esperaban el fallo de la casación se conoció un video que alteró y molestó hasta el hartazgo a los familiares de Soledad. La imagen se lo veía a Pablo Díaz bailando murga con el Director del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel. Los diputados de la oposición denunciaron que ese baile entre el preso y su guardián era ni mas ni menos que una de las tantas actividades atribuidas al Vatayón Militante, una agrupación kirchnerista, que en nombre de actos culturales obtuvo beneficios y salidas especiales para algunos presos condenados por delitos graves.
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