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20/08 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
Un tema cultural
Violencia de género. El caso de Bahía Blanca fue uno de los más impactantes de los últimos días. Volvió al centro de la polémica una eterna discusión. Hay que cambiar la mirada cultural del asunto, y si es necesario, cambiar las normas.
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
Esta semana asistimos a decenas de casos de violencia de género. Mujeres asesinadas, mujeres golpeadas, mujeres picaneadas. En fin, mujeres, objeto de ataques.
Uno de los casos más impactantes fue sin dudas el que tuvo a Natalia Riquelme como víctima. Es la mujer que fue atacada a golpes por su ex pareja en Bahía Blanca, en un episodio que quedó grabado con una cámara oculta que instaló el hermano de la mujer agredida, para tener pruebas de lo que era un ataque sistemático.
Entonces, volvió al centro de la polémica una eterna discusión. ¿Qué hacer con los violentos, con los machistas, con los perversos?
Hoy, la normativa, en general, indica que rara vez, un violento va preso cuando se trata de delitos iniciales, como por ejemplo, amenazas y lesiones. Son delitos que, según nuestro Código, en general, ni siquiera ameritan la detención del acusado. De ahí se explica cómo muchas veces, hay hombres que fueron denunciados más de 20 veces, y no fueron detenidos.
¿Qué hacer entonces, cuando la ley no permite detener? Se puede aplicar una medida restrictiva de acercamiento del violento a la casa de la víctima, se puede disponer perímetros o se puede pensar en cambiar la ley. En este sentido ya hay una nueva mirada que impulsan algunos jueces: se trata de entender estos casos con un contexto determinado: el de violencia de género. Es decir, no tomarlos como casos comunes, sino dotarlos de una problemática puntual.
En el mientras tanto, hubo jueces que dejaron detenidos a violentos por delitos que en la letra fría del código ameritaban la excarcelación. Para eso usaron lo que se llama el peligro procesal. En su inciso tercero, el artículo 148 del Código dice que ante la posible amenaza del principal testigo de un caso, no se concederá la excarcelación del acusado. Siguiendo esta línea, se considera a la mujer atacada, principal y única testigo de su ataque, y así, los violentos siguen adentro.
Lo que hay que cambiar en definitiva es la mirada cultural del asunto, y entender que estos casos hay que tratarlos diferentes y si es necesario, cambiando las normas, que para eso están, cuando la sociedad, lo requiere.
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