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16/04 | ANÁLISIS EXCLUSIVO

Una confesión cobarde

Hay confesiones que son tardías, hay confesiones que huelen a puesta en escena. Esta semana nos sorprendimos con la frialdad de un asesino.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

En una nota que dio para el portal de noticias Infopico, Marcelo Tomaselli no tuvo drama en admitir que volvería a matar a quien era su mujer, Carla Figueroa, en La Pampa.

Pero no sólo eso. Intentó hacer lo que hacen todos los asesinos machistas. Repitió una y otra vez que él no había violado a su mujer meses antes del crimen, que ella lo engañaba a él, y que ella le había puesto al teléfono el audio de una relación sexual que había tenido con un amante. Una defensa periodística cobarde.

Primero: Carla está muerta y no tuvo chance de defensa. Sólo conocemos la palabra del brabucón del asesino.

Si fuese verdad que Carla lo engañaba a Tomaselli, hasta incluso que su hijo no era de él, nada cambia.

Y nada cambia por una sencilla razón. Si yo lo tuviese enfrente a Tomaselli le diría: “flaco, si te engañaron andate de tu casa, si te engañaron, separate. Nada justifica que mates a tu mujerâ€.

Ante la justicia Tomaselli hizo lo que hacen todos los cobardes, se negó a declarar. La paradoja del caso es que su principal testigo de cargo es su propia madre que lo vio en plena faena criminal, y hasta relató como Tomaselli intentaba escapar bailoteando y cantando entre risas que su corazón estaba libre.

Lamentablemente tuvo que pasar el crimen de Carla para que el ausente congreso Nacional derogara la nefasta figura del avenimiento. Esa figura por la que un violador podía salir de la cárcel si su víctima lo perdonaba y se casaba con él.

Esta figura penal describía ni más ni menos una Argentina machista.

Y lo peor de todo es que esa Argentina todavía existe.

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Columna de Opinion / Mauro Szeta
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