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20/02 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
De mínima, un turroâ€
El caso del hombre que vendió falsas influencias para engañar a gente desesperada. Verdaderas estafas al corazón.
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
Hay que ser de mínima un turro†y de máxima un hdp para estafar a gente desesperada. En los últimos días conocimos desde el estupor el caso de Pablo Iglesias, el hombre acusado de hacerse pasar por encargado de una ONG de ayuda a chicos desamparados que vendió falsas influencias simulando tener información crucial sobre casos criminales en marcha.
Para decirlo más claro, Iglesias se aprovechó de la desesperación de los desesperados. Por ejemplo. Se hizo pasar primero por periodista para contactarse con Esther, la mamá de Erica Soriano, desaparecida desde agosto de 2010. Simulando ser periodista le ofreció a una Esther ávida de verdades, el contacto con una suerte de investigador privado, que no era ni más ni menos que él mismo: Pablo Iglesias.
Este hombre le terminó sacando a Esther 9000 pesos por información inexistente, por mentiras de cuarta. Le hizo creer incluso que Erica estaba viva atrapada en una red de trata de personas.
Muy turro, muy hdp. Pero no fue todo, según las denuncias, Iglesias estafó a otras cuatro familias más. En un caso, por ejemplo, engañó y le cobró 10 mil pesos al papá de un abogado detenido por error a cambio de ofrecerle sus supuestos contactos con el juez. Los contactos no existían. El detenido, siguió detenido, y su padre fue estafado.
Lo notable del caso es que Iglesias, según todos los denunciantes, se movió con total impunidad en los Tribunales. Entraba y salía del edificio dándose corte de algo que en realidad no era. A otra mujer cuyo hijo está desaparecido, la engañó igual que en el caso Soriano.
Como dijimos al principio: hay que ser turro para engañar tanto, para lastimar tanto. Y lo peor de todo: como Iglesias hay otros, dando vueltas, más cerca de lo que uno cree.
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