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26/12 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
Una masacre, un mes después, ninguna certeza
Pasó un mes, y el caso todavía no tiene certezas. Hay un preso que no es el asesino; y el asesino no está preso.
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
Fue el 27 de noviembre entre las 0:20 y las 0:30.Una faena criminal que incluyó 90 puntazos y golpes con un palo de amasar. Una mecánica criminal destinada a asegurarse la muerte de las cuatro víctimas. Un asesino que obró de forma impulsiva, que tomó las armas de la propia casa, y que escapó sin robar nada, dejando en claro que el objetivo era asesinar.
Está preso Osvaldo Martínez, el novio de Bárbara Santos, una de las víctimas. Lo apodan Alito. Sabe de karate, y el fiscal lo tildó de celoso y posesivo. Hay algunos indicios que lo incriminan. Algunas mentiras que no pudo justificar, pero por sobre todas las cosas, hay un remisero que lo ubica en la escena del crimen, cuando el acusado jura y perjura que estaba durmiendo en su casa.
Primero lo acusaron de único asesino, después de coautor y ahora, caída la prueba genética, de partícipe necesario. Lo peor del caso es que el ADN de Martínez no apareció en las evidencias colectadas, ni en los cuerpos de las víctimas. Lo peor del caso es que apareció ADN de otra persona que no se sabe quién es.
Así las cosas, la fiscalía sugirió que un jefe de la policía científica podría haber cambiado los sobres con la prueba genética para favorecer al acusado. Suena a mucho, a descabellado. Pensar que Martínez tiene medios económicos y logística como para comprar la voluntad de un perito, y pensar que ese perito respondería a intereses de un Don Nadie como Martínez poniendo en riesgo su carrera, suena por lo menos, casi improbable o desmesurado.
Pasó un mes, y el caso de la masacre de La Plata está tan abierto como al principio. La única certeza es que un HDP mató a cuatro mujeres sin darles tiempo a nada, ni a defenderse, ni a suplicar. Falta saber quién es.
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