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07/11 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
El caso no está cerrado
El fallo por el caso Belsunce 2 dejó el mismo sabor amargo de los otros juicios por esta historia criminal.
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
Todavía no sabemos, ni vamos a saber por qué mataron a María Marta García Belsunce. Su esposo, Carlos Carrascosa está condenado a perpetua como uno de los homicidas, y la familia de ella, como encubridores, pero lo cierto es que no hay arma homicida secuestrada, no hay testigos directos y no hay ADN incriminatorio.
Lo que hay, son mentiras de los acusados, lo que el tribunal llamó indicios de mendacidad. No más que eso.
Para los tribunales que intervinieron en el caso, probar las mentiras, alcanzó para condenar. En otros casos, con la mendacidad de los sospechosos no se llegó a ningún lado.
La sensación con la que nos quedamos después de escuchar el fallo por el encubrimiento es que falta. Nos falta saber quién apretó el gatillo y por qué. Nos falta saber por qué la asesinaron y eso lo empaña todo.
Los jueces dictaminaron que todos los actos que la familia calificó de idioteces, como por ejemplo, tirar la bala-pituto al inodoro, no detectar los seis balazos, tramitar un certificado de defunción falso, buscar un crematorio para el cuerpo, mentir en los horarios, no fueron idioteces, fueron actos criminales de ocultamiento de un homicidio.
Lo que no supieron explicar los jueces es por qué ocultaron. ¿Ocultaron el homicidio en sí, porque no querían que se supiese que María Marta había sido asesinada?, u ¿ocultaron al homicida, porque era Carrascosa?
El caso no está cerrado ni mucho menos. Carrascosa espera que la Corte Bonaerense resuelva sus apelaciones, y ahora, Guillermo Bártoli, Horacio García Belsunce, Juan Hurtig, el vecino Sergio Binello y el médico Ramón Guavry Gordón irán por lo mismo: apelaciones y pedidos de libertad.
Y en el medio, una o varias preguntas: con estas condenas, la justicia demostró que si hay que condenar a ricos se los condena, cuando son culpables, o, como sugiere la familia Belsunce, los condenaron para decir vieron que a los ricos se los condena igualâ€, aunque en realidad no hay pruebas.
Interrogante abierto. Como tantos otros, como esa pregunta que sobrevuela el caso: ¿y si no fueron ellos? ¿Y si en realidad, saben quién es el asesino y prefirieron callar y ocultar por pudor social? Imposible saberlo.
Caso Belsunce, 10 años después, las mismas preguntas que al principio. Quién y por qué, más allá de las condenas judiciales.
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