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19/09 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
Un crimen que sirvió
El asesinato mafioso del abogado Marcos Alonso ya tiene dos condenados a perpetua, pero no es el fin de la investigación. >>
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
Hay crímenes que tienen algún sentido, aunque sea doloroso aceptarlo. El asesinato mafioso del abogado Marcos Alonso en Olavarría que ya tiene dos condenados a perpetua, sirvió para sospechar que no era sólo parte de la leyenda urbana, que existían integrantes del Poder Judicial que podían cobrar dinero para liberar acusados de graves delitos o mejorarles su situación procesal.
Es más, una de las hipótesis principales del caso Alonso es que un preso de apellido Gallastegui, que era cliente suyo, fue el que lo mandó a matar. El motivo aparente de semejante plan era que, Alonso le había prometido a Gallastegui que iba a conseguir su excarcelación en una causa por tentativa de homicidio. Siempre, según esta lógica, Gallastegui le habría anticipado dinero a Alonso para que negocie su libertad con el juez Saladino. Gallastegui nunca recuperó la libertad porque la decisión de ese pedido excarcelatorio le tocó a otro juez. A los días, Alonso apareció asesinado de manera mafiosa con un dólar en la boca. Parecía ser un claro mensaje de que quienes joden con la plata o traicionan, terminan así, muertosâ€.
Ahora, un año y medio después del homicidio, el Tribunal Oral 1 de Azul condenó a perpetua a los posibles matadores.
En paralelo, el juez Saladino, investigado a partir del caso, sigue suspendido en sus funciones a la espera de que el Jury de Enjuiciamiento provincial decida si hay elementos para destituirlo.
Más allá de que no se haya probado la relación directa del crimen de Alonso con esta supuesta trama de corruptela, el asesinato sirvió para poner nombre y apellido a cuestiones que parecían del folclore.
En la justicia hay tarifas, hay jueces que cobran, hay actos de corrupción como en otros ámbitos. Y eso duele.
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