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19/09 | ANÁLISIS EXCLUSIVO
Cinco testigos protegidos parece mucho
Que la causa por el crimen de Candela Rodríguez tenga a esta altura nueve personas imputadas de participar en el homicidio y cinco testigos de identidad reservada parece mucho, y suena a confusión. >>
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Mauro Szeta, especial para Infoeme
No es común el uso de tanto testigo protegido para resolver un caso. Por lo general, los testigos que no se animan a dar su nombre aparecen cuando el caso es complejo y hay miedo de declarar. El caso Candela puede ser uno de esos casos. Pero también los testigos de identidad reservada pueden aparecer para embarrar la cancha, para empiojarâ€.
En este crimen puntual, uno de los testigos reservados que el fiscal usó para ordenar las primeras seis detenciones del caso, sonó a inverosímil. Hay quienes sostienen que dijo algunas verdades y otras tantas mentiras, con lo cual, rápido de reflejos, Matías Morla, el abogado de uno de los acusados, el carpintero Néstor Altamirano pidió su detención por mendaz y hasta exigió que se revele su identidad y se lo ponga preso.
Habrá que esperar la decisión judicial. Parece exagerado que, por la sola declaración de los testigos de identidad reservada se mande a detener gente. El fiscal debe tener sí o sí prueba que sostenga los dichos de los testigos y recién ahí, se tratará de indicios suficientes para sostener detenciones.
En este caso puntual como hay silencio de radio desde hace rato y ni siquiera la mamá de la nena puso abogado, ni habla, clamando justicia, se nos hace difícil saber si el fiscal tiene pruebas o sólo dichos de testigos malintencionados o direccionados. A esta altura, a tres semanas del hallazgo del cuerpo de la nena hay nueve personas acusadas de integrar un verdadero clan para matar a la nena. Insisto, suena a demasiada estructura.
El fiscal sostiene gran parte de su acusación en el famoso ADN de Candela detectado en la supuesta casa del cautiverio que pertenece a Gladys Cabrera, una de las presas. El fiscal se encargó de demostrar la confiabilidad del estudio genético que le permitió incriminar a dos de los acusados, Cabrera y el carpintero, más allá de los dichos del testigo protegido.
Todavía ni sabemos cómo desapareció Candela, cuál fue el motivo del crimen, qué pruebas hay contra los acusados. Y lo peor de todo, es que el caso huele tan mal desde el principio, que dudamos de todo, incluso del inquietante silencio de la mamá. Algo raro pasa y pasó. La verdad real parece lejana.
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