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12/09 | ANÁLISIS EXCLUSIVO

Perversos y prófugos

La historia paso casi inadvertida, y fue tapada por la gravedad del caso Candela. Un fiscal de Moreno ordenó la captura nacional e internacional de dos hombres jóvenes sospechados de haber violado a seis chicas mediante una metodología siniestra. >>

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

Las conocían en boliches, las seducían, les colocaban droga en una bebida, y las violaban. Lo peor de esta historia criminal es que los acusados estuvieron detenidos unas horas tras un intento de ataque, y como las pruebas no alcanzaron, los liberaron. Ahora, el fiscal de Moreno Gabriel Lorenzo ordenó su captura nacional e internacional. Es más, sospecha que el auto usado para cometer los raptos pertenecía a un policía federal miembro de la custodia del juez Norberto Oyarbide. El que lo usaba para cometer los ataques, era su hijo, ahora prófugo.

El relato de las víctimas es calcado. Las seducían en boliches de Moreno o Ituzaingó, Petra o Club Leloir, les invitaban un trago, espumante, por lo general. En un descuido de las chicas, les colocaban una droga en la bebida, y con excusas las sacaban del local y las llevaban a la casa de uno de los acusados para violarlas.

La clave para identificar a los acusados y ordenar sus detenciones, fue que una de las chicas, de 20 años, alcanzó a recordar marca y números de la patente del auto donde la llevaron. Con esos datos, se ubicó el auto en las cámaras de seguridad de la autopista, y se identificó a su dueño. Así se llegó a su hijo sospechoso.

Los ataques en serie investigados por la justicia ocurrieron los días 9, 16 y 23 de julio. Los boliches elegidos, todos del corredor del oeste. Las chicas abusadas, de un mismo perfil: jóvenes de entre 20 y 27 años, eran el objeto de deseo criminal de los acusados.

Tan impunes se deben haber sentido que ante las chicas, los perversos, se presentaron con sus verdaderas identidades y hasta se jactaron de sus contactos con un juez federal y con la policía. A cada chica violada, cuando la liberaban la trataban de confundir para que pareciera que no se había tratado de un caso de violación sino de una salida sexual consentida.

A una de las víctimas –sus identidades no se revelan por su seguridad- la hicieron manejar de regreso a su casa, drogada por la autopista. La chica terminó chocando y casi se mata.

Hasta ahora, se creía que esta clase de casos eran mito. Esta vez, los acusados tienen nombre y apellido y se los busca por perversos y prófugos: Nahuel Araya Valdez y Cristian Alberto Yenzi Muñoz. Buscados, simplemente eso, buscados por violadores seriales.

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Columna de Opinion / Mauro Szeta
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