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22/08 | ANÁLISIS EXCLUSIVO

Gracias por ser tan excelente

La pregunta que debemos hacernos es qué clase de jueces tenemos y queremos. A veces, muchos de ellos, parecieran ser personajes de castas, seres superiores, intocables. >>

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

Esta semana, la polémica surgió en un juicio oral donde el juez de Tribunal Oral 14 Rizzo Romano obligó a todas las partes del debate a llamarlo “excelenciaâ€. No sólo eso. Cuando el abogado Carlos Wiater, una de las partes del juicio, se sorprendió con el planteo del juez, Rizzo Romano fue por más y arrancó con una perorata donde abundó en conceptos más clasistas aún. Delante de todos los protagonistas de un juicio donde se debatía el abuso sexual de un menor, el juez espetó en la sala: “Escribí 15 libros y ganó 40 mil pesosâ€. Con esa clase de frase, habrá pensado el juez que ganaba en jerarquía y merecía un respeto aún mayor. Lo que pasó fue exactamente lo contrario.

Wiater contó que a semejante nivel de idiotez humana, le siguió un juicio donde los testigos se sintieron atemorizados por no saber ni siquiera cómo hablarle al magistrado. Por suerte la historia no terminó ahí y Wiater, viejo conocedor de las leyes, decidió denunciar a Rizzo Romano ante el Concejo de la Magistratura. A lo sumo podrían apercibir a su “excelencia†o multarlo, pero no mucho más.

El caso sirvió para poner a la luz, cómo existen aún integrantes del Poder Judicial que se creen seres diferentes. La noticia que tengo para darles es que son diferentes: es cierto. Son diferentes porque ganan mucho más dinero que el obrero que les construyó la casa; muchos de ellos son diferentes porque llevan un concepto machista donde por ejemplo, en un fallo de la Cámara de Casación consideraron que una chica menor no había sido corrompida sexualmente por un pastor “trucho†porque era pobre y estaba habituada a tener sexo con cualquiera. Muchos jueces, es cierto, son diferentes, porque como pasó en otro fallo de la Casación le bajaron la pena a un marido que había asesinado a su esposa con el argumento de que ella no cocinaba, y entonces, era un justificativo para atenuar o entender la conducta del criminal.

Es cierto, muchos jueces son una verdadera excelencia porque nunca investigan la corrupción política o policial y prefieren ser parte de la corrupción mafiosa para vivir tranquilitos en sus barrios cerrados.

También es cierto, que por culpa de los jueces como Rizzo Romano que se ocupan de cómo debemos llamarlos, caen todos en la misma bolsa. Por eso, también es bueno destacar que hay funcionarios de justicia que gastan de su sueldo para que los testigos se presenten a juicio; también es cierto decir que hay funcionarios de justicia, tan honestos y probos que alquilan sus casas, y no se someten a la corrupción política que les propone el sistema día a día; también es bueno destacar a aquellos como un fiscal de San Isidro que investigó la corrupción policial de la zona y cuando los aprietes lo molieron, decidió renunciar y radicarse en otro país.

El juez Rizzo Romano logró lo que se proponía. Ahora todos sabemos que le encanta que lo llamen excelencia; ahora, la lupa sobre él, será la más intolerante, la excelentísima mirada de control que tenemos como ciudadanos, se posará sobre él, ahora, más que nunca.

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Columna de Opinion / Mauro Szeta
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