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Por Analía Errobidart (*) /
El retorno a la vida democrática producido en el año 1983 abre un abanico de sueños para los ciudadanos que en edad de conciencia individual y colectiva, vivíamos aquellos días.
En la Universidad del Centro, los estudiantes, docentes, no docentes y autoridades (normalizadoras, en los momentos a los que hago referencia) teníamos la sensación de estar reinventando las instituciones, de articular las funciones sociales delegadas a ellas en un común acuerdo con las necesidades y demandas de la comunidad, esto es: la comunidad académica y el pueblo de los 80 construían proyectos comunes.
Así en Olavarría, un grupo de jóvenes estudiantes universitarios ?mayoritariamente de la facultad hermana de Ingeniería- realizaban encuestas en la ciudad para que todo el mundo se expresara en torno de las nuevas carreras que aquí podrían estudiar sus hijos. Esta opinión se articuló con las demandas estudiadas por los dirigentes municipales y las posibilidades que la Unicén, universidad regional nacionalizada desde hacía aproximadamente 10 años.
Ese informe preliminar inclina la balanza claramente hacia las ciencias sociales. Y el trabajo desde la Universidad comienza a perfilarse en el reconocimiento de la tradición antropológica existente en la ciudad y en el tejido laborioso de una carrera novedosa, por ese entonces, no solo en el centro de la provincia, sino también en el país: la comunicación social.
Se vislumbra con claridad los aportes que cada disciplina estaría realizando a la comunidad regional y a la comunidad académica: desde la antropología el trabajo cultural (material y simbólico) cimentaría las bases de una democracia que en los 80 prometía ser justa y solidaria; desde la comunicación social, la democratización de la información aseguraría canales transparentes de comunicación de los saberes y conflictos de la vida cotidiana y también del conocimiento. El contacto con referentes reconocidos y respetados no solo por su trayectoria académica sino también por su labor y compromiso a favor de la vida democrática, terminarían por dar forma al proyecto de la nueva facultad?.
Y es así que el 21 de octubre de 1988, la Asamblea Universitaria crea (1) la Facultad de Ciencias Sociales dependiente de la Universidad Nacional del Centro, con sede en Olavarría.
Y ese día muchos comprobamos lo que intuíamos: que las utopías eran posibles.
?20 años han transcurrido.
La Facultad de Ciencias Sociales comenzó a funcionar ese mismo año. Sus cursos desbordaban de estudiantes: recientes graduados del secundario (en forma minoritaria), más todos aquellos de Olavarría y la zona a quienes les había quedado la deuda pendiente con la educación superior (y en períodos democráticos). Las cátedras se constituían con reconocidos académicos de las ciencias sociales, los estudiantes con vocación comenzaron a formarse como ayudantes de cátedras, se trazaban las primeras líneas de investigación con perfil regional. Llegó también la creación del primer centro de estudiantes, la normalización de su gobierno a través de la elección de autoridades, los primeros graduados. Las coyunturas de la política nacional propiciaron espacios para la creación de nuevas ofertas académicas: tecnicaturas para comunicación, profesorados y más recientemente, los posgrados. Junto a todo lo anterior los debates políticos internos produjeron grietas que obstaculizaron en parte, la continuidad y el crecimiento encaminados en un proyecto colectivo.
Realizando una especie de balance (inevitable en estas fechas) sin pretensión alguna de objetividad?, creo que Sociales ha respondido a gran parte de sus propósitos fundacionales: sus graduados ocupan espacios y puestos sociales en los que su formación cobra un sentido valorativo sustantivo; posee un polo de desarrollo académico que es un punto de referencia internacional, genera movilidad y es fuente de trabajo de un sector de la población de Olavarría y la zona.
Los aniversarios me llevan a pensar en refundaciones. Siempre desde mi punto de vista, asumiendo la responsabilidad que me cabe como parte del actual equipo de gestión, pienso que la apuesta de Sociales pasa por asumir que sus propósitos fundacionales, hoy tienen que ser resignificados, y en función de ello, construir colectivamente un proyecto que nos permita encontrar, al fin, nuestra función social, con claridad sobre las características del contexto actual y con la utopía de que un mundo mejor es posible?. Pero los proyectos contundentes no logran concretarse sin la suma de las voluntades de los distintos sectores que integran una comunidad, como la académica. Y eso nos debería haber quedado claro en estos veinte años.
Junto con este aniversario, se abrirá un nuevo período de gestión y con él, renacen nuevas expectativas e ilusiones en este proceso de crecimiento y consolidación.
Espero ver un nuevo crecimiento de Sociales, para brindar con la gente de Olavarría por otros 20 años más!
(*) Analía Errobidart es Mg. en Educación. Es docente de esta casa de estudios desde el año 1990. Fue Secretaria Académica de la FACSO en el período 1990-1992. Actualmente es Vicedecana de la Facultad de Ciencias Sociales.
(1) El mismo día se crea también la Escuela Superior de Teatro, con sede en Tandil. Con su gente hemos compartido estos 20 años de organización, de crecimiento, de desazones, de esperanza, y la férrea defensa de la educación pública.
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