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PANORAMA LOCAL. El emergente social, a las puertas de la recesión Señales del año en que viviremos en peligro
Los próximos días debieran ser, por lógica y por contexto, los de la definición del Presupuesto 2009, que generalmente se entrega en octubre al Concejo Deliberante. Y para llegar a ese año sin riesgos, la planificación del aporte en materia de Acción Social es crucial. Qué implica que la crisis financiera que llegará tarde o temprano haya coincidido con un mal manejo de la problemática social, de la cual el incendio en el 104 es apenas un emergente. Las buenas intenciones y la cruda realidad. Lo que no se ve en la periferia y la necesidad de monitorear mejor la situación. Y la provisión de personal idóneo en el área, el segundo recurso que el año que viene será crítico, junto con el de los aportes en materia de contención.
Todo acontecimiento semanal puede soslayarse por anecdótico, menos uno: el conato de rebelión en el Barrio 104 Viviendas. Ese hecho, que se vio sobrevenir con el correr de los días, no ha sido superado ni siquiera en parte y debiera ser el punto de inicio de un análisis global de la situación local. La palabra global? está usada en sentido amplio: quizás nunca antes en las últimas décadas una Ciudad debió pensarse tanto en términos de su propia realidad como en función de su posición en el mundo, en horas en las que el Planeta está suspendido a la espera de novedades financieras.
Olavarría, al mismo tiempo, está en etapa de definición de su Presupuesto 2009, un esquema de cálculos donde quedará plasmada la idea de gestión del Gobierno local para el año de mayor riesgo económico que hayamos conocido, tal vez el inicio de una recesión internacional como casi nadie vivo haya visto nunca.
Es cierto que, gracias al Cielo, cualquiera que haya transitado esta semana por Pueblo Nuevo o San Vicente, por nombrar dos zonas económicas secundarias que estaban atestadas de tránsito, no acierte a creer en la gravedad de la crisis que orilla nuestra costas. Pero sólo la necedad puede ponernos en una isla mental: en algún momento el gasto general público y privado se frenará, y allí sufrirán más los que menos reservas tienen. De nuevo, los más pobres.
Volvamos, entonces, al caso del barrio 104. La reconstrucción neutral de los hechos es complicada: una de las partes en el conflicto parece sólo interesada en sacar provecho del tumulto y la confusión, mientras la otra está demasiado preocupada por el futuro como para admitir pasos en falso en el pasado.
Basta a los fines del análisis saber que luego de la muerte del joven Lucas Salvareschi movilizó un trabajo conjunto entre el área social del Municipio y algunos referentes barriales, cuya representatividad no funciona con las reglas del lúcido sociólogo alemán Max Weber sino con las imposiciones del más doméstico cabecilla Daniel Arce, quien esta semana desafió a cuanto dirigente municipal le pusieran enfrente.
Aunque las cosas hayan pasado a mayores, no deja de ser interesante la finalidad: atacar las zonas de riesgo social con trabajo genuino es una política acertada, a la que se deberá volver por caminos más aptos.
Pero en el caso del 104, el desconocimiento del paño operó en contra. El propio intendente José Eseverri llegó a tomar mate en la leñera con los referentes que ahora le cortan dos avenidas. Esa proximidad confianzuda, y ciertas deficiencias de política social, terminaron en la eclosión.
¿Qué falló? Probablemente una combinación de factores, que operaron en el pasado pero si se los descuida pueden reproducirse para peor en el futuro.
La primera cuestión que salta a la luz es una deficiencia de monitoreo de las políticas sociales, sobre todo en las zonas críticas. El quiebre de la gestión entre Helios Eseverri y José Eseverri implicó en varias instancias el cambio de funcionarios. En todas las áreas, incluso la social. Otros permanecen, pero han sido postergados porque perdieron a sus principales referentes, o porque su estilo de manejo devaluó en el contexto ideológico de la nueva gestión municipal.
Salidos de sus puestos Juan Aranzábal y más tarde Horacio Hohl, erradicado de las sociedades de fomento Raúl Kuhn, alejado el Ejecutivo de referentes barriales como José Quintero, cerrada la puerta del despacho a varios fomentistas y delegados municipales, expulsadas de sus puestos por magros salarios las asistentes sociales con mayor cancha como Rosana Kessler y todas las que se fueron antes, echados de sus puestos jerárquicos los directores de centros de salud públicos que atajaban a cuatro manos casos concretos como Roberto Tur en Hinojo, enojadas las funcionarias que querían presencia barrial efectiva y rápida como Alejandra Capriata y clausurado el diálogo cotidiano con la Policía bonaerense en todas sus instancias, el Gobierno municipal se quedó, lisa y llanamente, sin monitoreo alguno de las situaciones sociales extremas de toda Olavarría. Por derecha y por izquierda, entre civiles autodidactas, entre civiles armados y entre civiles formados en la Universidad.
Insistamos en un punto, que puede ser polémico: salvo uno o dos casos de los mencionados, todos los funcionarios citados que ya no pertenecen a la órbita municipal supieron tener o siguen teniendo una relación aceitada y productiva con la Policía. Ninguno de ellos es un nazi desaforado, ni se enamora de la fuerza por su poder represor: son en la mayoría de los casos funcionarios lúcidos y con los prejuicios superados, bien atentos a la información que les sirve para la función, que saben ?como Joan Manuel Serrat sabe en La abuelita de Kundera?- que los que mejor conocen lo que pasa en la calle son los curas y los policías.
La administración local está lejos, hoy por hoy, de haber desplegado este recurso, en cualquiera de sus formas. Tal vez el factor más preocupante sea que carece de un personal que conjugue en la práctica la concepción ideológica a la que adhiere: apegado a no estigmatizar la pobreza?, duda en el modo de llevar al terreno el procedimiento acorde.
O porque Gustavo Nanni fue devuelto al cargo por necesidad pero sin conjugar del todo con los presupuestos de gestión, o porque a Patricia Seijo ?salvo el caso de Silvia Díaz- le faltan asistentes sociales capaces de resolver el fragor del frente de batalla sin hacer más desmanes, lo cierto es que la gestión en el área se ha hecho crítica.
Conviene reparar en un detalle, antes de seguir: lo que se ve no es todo lo que existe. Afirmado el dato, prosigamos: lo que no se ve también es dramático. A la luz pública han quedado en estos días patentizados las luces de las llamas de las cubiertas en el 104, o el pibe apuñalado frente a un colegio del barrio San Vicente.
Debajo, la realidad que avanza es tanto o más desalentadora.
El ingreso de pibes con cuchillos a las proximidades de grupos escolares ya se dio hace una semana en cercanías de la ESB del barrio Ceco. El esquema de contención, cuando las cosas pasan a mayores, pone a las escuelas en igualdad de condiciones con los boliches de fin de semana: desbordadas las maestras, los chicos deben arreglar sus cosas afuera?.
Al Norte de la 226 o al Oeste de la avenida Ituzaingó la situación, descorazonadora, obliga a crear nuevas categorías analíticas: el embarazo adolescente ha dado paso al embarazo infantil, con nenas de 13 años que cargan con un hijo-hermano desde los 11. El ciclo de crianza que intentan muchas madres solas con hijos en situación de altísimo riesgo y exposición ante el delito y la agresión, sin amparo ni seguimientos del Estado, deriva en hogares donde, en la vida adulta, todos pugnan por el control de la vivienda unifamiliar, aunque la familia esté atomizada y violentada. Muchas veces, en estos casos, el más fuerte expulsa al más débil del lugar.
Pasa acá a la vuelta, y cada vez más. La definición del intelectualismo analítico que reclama no estigmatizar a la pobreza? es perfecta pero ¿y después qué? Apegado a aquella noción, el Gobierno va descubriendo a los golpes que necesariamente habrá que complementar la definición teórica con algún tipo de estrategia concreta: o reciclar a las manzaneras en organismos de mayor referencia, o potenciar el plantel de asistentes sociales, o recuperar el lazo con los funcionarios y dirigentes barriales que mejor conocen el paño, o insuflarle ánimo y combustible a ese buen proyecto (hoy muy estático) que supo ser la Comisaría de la Mujer, o todo eso al mismo tiempo.
Ingresa aquí, de lleno, la cuestión del Presupuesto 2009. De a poco, el año se acerca a su final y en pocos días más el Ejecutivo deberá enviar al Concejo Deliberante el índice de recursos y de gastos para el año más complicado que se recuerde, al menos en los pronósticos.
Debiera haber ya ?aunque nadie lo sabe- una clara definición de las partidas a aplicar en el gasto social, pero sobre todo un esquema de crisis para sostener el funcionamiento municipal si las cosas se complican.
Basta hojear los diarios de todo el mundo para advertir que todas las Comunas de Estados Unidos, de Europa y de América latina se preparan para una fenomenal reducción del gasto, no para apropiarse del excedente y derivarlo a la caja política (como hasta aquí era la previsión electoral evidente) sino para convertirlo en matafuegos económicos-sociales frente a los incendios que todos saben que se encenderán, aunque aún no se conozca dónde.
Por lo común, municipios como el de Olavarría suelen esconder en los presupuestos que apuntan a apagar crisis, partidas comodines? o supuestos de gastos que fácilmente pueden suprimirse para ser derivados en herramientas financieras de neta emergencia.
No se sabe si el Municipio ya ha trazado estas reservas, y si las enviará al Concejo.
Vista la situación, es muy probable que lo haga. De otro modo, la previsión de gasto electoral para el 2009 y el patético conteo imaginario de afiliaciones para el PJ ?un tema que sólo alucina a una dirigencia que no ve lo que se viene- puede que no sirvan para nada.
Sin una mirada seria de lo que se viene, los políticos que se encierren en su propia cuenta corren el riesgo de salir a buscar votos y que la gente de carne y hueso, estigmatizada o no, se los coma vivos. Enviar a un amigo | Imprimir nota.