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28/08 | YO QUIERO A MI PAIS
Humahuaca: la quebrada de los duendes
En Jujuy, entre las montañas y el sol, se abre este valle andino de 155 kilómetros. Surcado por el Río Grande parece una pintura naive, pero no lo es. Es un collar de hermosos poblados rodeados de las más imponentes montañas. Es mágico, pero a la vez real. Es la quebrada de Humahuaca. Es la tierra de los coyas.
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Viajando de sur a norte, y a medida que se abandona el verde selvático de los bajos de las montañas jujeñas, el pueblo de Volcán marca el inicio de la quebrada y muestra la huella de un tren que ya no corre. A Volcán le sigue Tumbaya, una pequeña villa a orillas del río Grande, con altas sierras y plantíos frutales y con gran abundancia de cardones. Dicen que cuando el éxodo –aquella gesta ordenada por Belgrano para que los españoles hallaran sólo tierra arrasada a su paso- el gran general criollo ordenó vestir a los cardones para que parecieran gauchos dispuestos a dar batalla. Y que con esos ardides, el sacrificio de los jujeños y la ayuda de los pueblos originarios, se jugó un papel fundamental en las guerras de la independencia.
En Purmamarca el Cerro de los Siete Colores preside todas las vistas.
Desviándose un poco por la Ruta Nacional 52 hacia el oeste, se llega a Purmamarca. Su nombre en quechua significa pueblo del león. Este pueblo está rodeado por sierras multicolores, entre ellos el famoso Cerro de los Siete Colores, que preside -con sus coloridas capas- cualquier vista. Ubicado a 2.192 metros de altura, Purmamarca exhibe bellas construcciones del siglo XVII, entre ellas la Iglesia de Santa Rosa de Lima –del año 1648 y con muros de adobe- y el Cabildo –con un pórtico de cuatro arcos-. También se destaca su Feria Artesanal, que funciona en la plaza central y ofrece a los turistas vasijas, ponchos, alfombras e instrumentos musicales, entre otros productos.
Lo moderno y lo antiguo se conjugan en esta imagen de un poblador purmamarqueño que habla por su teléfono celular mientras observa el paso de los turistas.
El colorido de los artículos regionales que ofrece este negocio de Purmamarca es también todo un espectáculo en sí mismo.
Mas adelante hacia el norte, siempre subiendo por la Ruta 9 y a 2.383 metros de altura, otro pueblito quebradeño – Maimará- seduce a los visitantes con otra maravilla de la naturaleza: la Paleta del Pintor. Este conjunto de cerros amarillos, blancos y rojos parece un lienzo que -respondiendo a los caprichos de un artista genial- se va armando con sucesivas pinceladas. Sobre la aldea, un antiguo cementerio yace colgado de las alturas.
Suspendido en las alturas, el cementerio de Maimará brilla junto a los colores de la Paleta del Pintor
Más arriba se encuentra Tilcara, ubicado en la margen derecha del río Grande y a 2.460 metros de altura. Con varios museos regionales, se lo considera la capital arqueológica de la quebrada. El Pucará de Tilcara que en quechua significa fortaleza, se encuentra a sólo un kilómetro, está conformado por un conjunto de ruinas, que se levantan sobre una colina a 70 metros del cauce del río Grande, ofreciendo una maravillosa vista panorámica. A sus pies se encuentra el Jardín Botánico de Altura, donde habitan especies vegetales autóctonas El Pucará, hoy reconstruido, es una muestra palpable del esplendor de los antiguos habitantes de esta zona, los Tilcaras.
La Municipalidad de Tilcara y uno de los tantos hostels que es posible hallar en los pueblos quebraderos, muestran coloridos frentes que contrastan con los cerros circundantes.
Luego, Huacalera espera al visitante. Allí, un monumento que se asemeja a un gigantesco reloj solar marca el recorrido del Trópico de Capricornio, donde el sol cae en forma perpendicular el 22 de diciembre, día del solsticio de verano.
Colorida esquina en el pueblo de Humahuaca.
El estilo colonial de sus casas invita a recorrer las calles angostas y empedradas de Humahuaca.
Y aunque queda mucho más por conocer la quebrada, la jornada termina en Humahuaca. A este pueblo hay que caminarlo y aventurarse por sus pintorescas calles angostas y empedradas y sus numerosas construcciones de adobe. Entre sus atractivos se destacan la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria –del año 1641-; el Cabildo –con un reloj que mueve una imagen en tamaño natural de San Francisco Solano- y el Monumento a los Héroes de la Independencia que –montado sobre la colina de Santa Bárbara- recuerda a los pueblos originarios que combatieron junto a los criollos contra los realistas.
En lo alto de la colina de Santa Bárbara se yergue el Monumento a los Héroes de la Independencia, que recuerda la gesta emancipadora de criollos y pueblos originarios.
En Humahuaca uno puede sentarse tranquilo a esperar el carnaval de febrero, el más importante de todos los carnavales norteños. Y soñar con una riquísima cazuela de cabrito, mientras un changuito entona una copla. Si no se abren los ojos, mientras se respira el aire puro de la montaña y el sol brinda una caricia en la cara, uno de se da cuenta rápido que no es un changuito el de la copla sino uno de los tantos duendes que día a día recorren –casi sin posar sus pies color de la tierra en el suelo- la quebrada mágica de Humahuaca.
Una pobladora de Humahuaca prepara su mercadería compuesta de tapices, bolsos y otros artículos regionales. El sol humahuaqueño es su compañero.










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