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28/07 | YO QUIERO A MI PAÍS

Salta vibrante

Con sus más de 530.000 habitantes, la ciudad de Salta –capital de la provincia homónima- es, sin dudas, la perla del noroeste argentino. Esta vibrante ciudad combina la belleza de un entorno natural inigualable, un riquísimo legado histórico y todos los servicios y mimos que requiere el turista moderno.

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Dicen que hablar de “Salta, la linda” es una redundancia, porque la palabra “Salta” derivaría del vocablo aimará “sagta” que querría decir algo así como “lugar lindo”. Sea como fuere, porque los historiadores aún no se ponen de acuerdo, lo cierto es que no alcanzan las palabras para describir la belleza de esta hermosa ciudad.

Desde el Cerro San Bernardo, al cual se puede acceder por teleférico, se aprecia la imponencia de la ciudad de Salta. Al fondo, las montañas.

 

Emplazada en el Valle de que lleva su nombre, la ciudad fue fundada en 1582 por Hernando de Lerma por razones de geopolítica: el extenso territorio entre la Lima colonial y la gobernación de Tucumán estaba peligrosamente despoblado. Ningún zonzo don Hernando, que puso las bases de la ciudad en el sitio más lindo de la región. En sus cuatrocientos veinte años de historia, Salta pasó de ser aldea estratégica a importante nodo comercial entre Perú y el Virreinato del Río de la Plata; de escenario del drama de las luchas por la independencia argentina y sus posteriores guerras civiles a la preponderante capital que es hoy.

 

La Catedral Basílica iluminada. Toda la belleza del barroco puesta al servicio de la religión.

 

En la actualidad, y ya concentrando más de la mitad de la población total de la provincia, Salta es una ciudad que se abre a quien quiera descubrirla. Es, sin dudas, desde la Plaza 9 de Julio desde donde debe partir cualquier visita. Esta plaza, que oficia de centro del casco histórico, está rodeada de los edificios más significativos. Por un lado, la Catedral Basílica. Fastuosa y de arquitectura barroca en el interior, imponente con sus pálidos pasteles rosados y amarillo, es una muestra más de la importancia que la religión católica adquirió en la vida de las colonias españolas, conquistadas con la espada y con la cruz.

Las calles del casco histórico de Salta conservan el estilo colonial. Los cerros hacen de telón de fondo de cada arteria.

 

Saliendo apenas de la Catedral Basílica, y cruzando la calle a la derecha se encuentra el Museo de Arqueología de Alta Montaña, o MAAM, que ocupa un histórico y señorial edificio. En él se resguardan los niños del Llullaillaco, uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos tiempos. Estos tres niños, dos mujeres y un varón, fueron sacrificados por los incas hace unos quinientos años y sus cuerpos fueron conservados por el frío y las condiciones ambientales de la alta montaña. En el MAAM, sus cuerpos se preservan en cápsulas que modifican su atmósfera reduciendo el contenido de oxígeno en un ambiente estable de veinte grados centígrados bajo cero y una iluminación filtrada.

 

Iglesia de San Francisco. Otro edificio religioso preservado como monumento histórico nacional.

 

En la misma cuadra, casi llegando a la otra esquina se halla el Centro Cultural América. Construido en 1913 como sede del tradicional Club 20 de Febrero, desde 1950 funcionó como Casa de Gobierno, hasta que, finalmente, en 1987, se lo destinó a su uso actual. Su estilo francés contrasta con el colonial español que predomina en la mayoría de las construcciones circundantes. En 1994 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

 

El Cabildo de Salta alberga dos de los más completos museos dedicados al pasado histórico del norte argentino.

 

Haciendo cruz con el centro cultural, y enfrentando a la catedral, se encuentra el Cabildo.  Antigua sede de los gobiernos coloniales, el edificio se halla en excelente estado de conservación. Alberga al Museo Histórico del Norte y al Museo Colonial y de Bellas Artes. En estos museos se conservan vestigios de la historia argentina, desde los tiempos de los pueblos originarios hasta las guerras por la independencia. Todo muy bien preservado y presentado, con una estrella fundamental: el mítico general Martín Miguel de Güemes. 

 

 

El Centro Cultural América visto desde el Cabildo. A su lado, la torre del Cabildo vista desde uno de sus patios interiores.

 

A pesar de su singularidad, no todo lo lindo en Salta está en la Plaza 9 de Julio. Caminar las calles de su casco histórico es ya una experiencia en sí misma. Los frentes de estilo colonial esconden, muchas veces, modernos negocios de venta de artesanías o indumentaria de diseño. Los restaurantes ofrecen todo tipo de comidas regionales, entre las que se destacan las famosas empanadas salteñas.

 

La ciudad de Salta es pródiga en espacios verdes muy bien cuidados, en los que se pueden apreciar las palmeras que la hacen famosa.

 

Y si uno quiere tener una vista panorámica de la ciudad no hay nada como subir al Cerro San Bernardo. Por un camino asfaltado, o vía teleférico, el visitante llega a un alto mirador. Rodeado de jardines artificiales de singular belleza, desde allí se aprecia la magnitud de una gran ciudad enmarcada por azules montañas.

 

Las esquinas salteñas están decoradas con carritos de vendedores ambulantes de frutas, que le dan el toque pintoresco a la ciudad.

 

Pero en Salta no todo ocurre de día. El crepúsculo ofrece la posibilidad de vibrar también. La calle más famosa de la noche salteña, la calle Balcarce, se muestra plena de opciones. Peñas -en las que se degustan ricos platos locales mientras se disfruta de muy buenos shows folclóricos- pubs y boliches están siempre abiertos para los noctámbulos.

 

 

La noche salteña. Interior de una peña folclórica en pleno show. Una típica esquina de la calle Balcarce en la zona de pubs y boliches.

 

Este relato termina ahora con una advertencia: no se ha podido contar todo lo que Salta es. Tampoco es posible expresar lo que se siente al disfrutarla. Por eso, sólo restar decir que es un imperativo ir. Miles de turistas nacionales y extranjeros cumplen ese imperativo todos los días. La perla del norte nos sigue esperando. No nos defraudemos y visitémosla.     

 

 

 

 

 

 

 

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