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20/06 | YO QUIERO A MI PAIS
¡Al Colón, al Colón!
De cuando la Argentina se creía una parte de Europa, y Buenos Aires aspiraba a ser la segunda París, data el edificio actual del escenario máximo de la cultura argentina: el Teatro Colón. Con más de cien años, esta maravilla arquitectónica y cultural puede ser visitada también como uno de los atractivos turísticos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
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El Teatro Colón está considerado como uno de los mejores teatros del mundo. Reconocido por su acústica y por el valor artístico de su construcción, cumplió 100 años en 2008. El actual edificio está emplazado entre Cerrito, Viamonte, Tucumán y Libertad, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, y fue inaugurado el 25 de mayo de 1908 con la ópera Aida de Giuseppe Verdi. Este edificio reemplaza al antiguo Teatro Colón, ubicado frente a la plaza de Mayo, y que funcionó entre 1857 y 1888.
Recorriendo los pasillos del teatro Colón se pueden apreciar trajes usados por los protagonistas de algunas de las óperas más famosas. La mayoría de los mismos son confeccionados en los talleres que el complejo cuenta en su subsuelo.
La construcción del nuevo edificio llevó alrededor de 20 años. Fue dirigida por tres arquitectos: Francesco Tamburini y Víctor Meano, autor del palacio del Congreso Argentino. Ambos fallecieron antes de terminar la obra, la cual fue finalizada por el belga Jules Dormal, quien le imprimió su sello francés. Como resultado de todas estas direcciones, el Teatro Colón revela un estilo ecléctico propio de principios del siglo XX, con mezcla de estilos italiano y francés. Luego de todas las ampliaciones realizadas, el edificio actual cuenta con una superficie de 58.000 metros cuadrados.
Una muestra de la imponencia y la riqueza arquitectónica del Colón lo conforma la vista que se obtiene desde su hall de entrada. El visitante dirige su vista hacia las alturas y se ve rodeado de una magnificencia sin par.
Si bien todo el complejo es magnífico y su arquitectura impacta al visitante en cada rincón, la perla del Colón es su sala principal. Construida en forma de herradura, cumple con las normas más severas del teatro clásico italiano y francés. La planta está bordeada de palcos hasta el tercer piso. Tiene una capacidad total de 2.478 localidades, pero también pueden presenciar los espectáculos alrededor de 500 personas de pie. El escenario posee un disco giratorio de 20 metros de diámetro que puede accionarse eléctricamente para girar en cualquier sentido y cambiar rápidamente las escenas. El foso de la orquesta posee una capacidad para 120 músicos. Está tratado con cámara de resonancia y curvas especiales de reflexión del sonido. Estas condiciones contribuyen a que el Teatro Colón tenga una acústica excepcional, reconocida mundialmente como una de las más perfectas.
La cúpula, de 318 metros cuadrados, poseía pinturas de Marcel Jambon, que se deterioraron en los años treinta. En la década de 1970 se decidió pintar nuevamente la cúpula y el trabajo le fue encargado al pintor argentino Raúl Soldi.
Vista de los balcones de palcos de la sala principal del Teatro Colón. Los más altos están a unos 28 metros del piso. Son también notables su decorado e iluminación.
Desde su inauguración en 1908 hasta la fecha, la cantidad de grandes artistas que actuaron en el Teatro Colón es inmensa. Su paso por este escenario forjó su gran tradición musical y un prestigio reconocido en todo el mundo. Nombres como los de Richard Strauss, Igor Stravinsky, Manuel de Falla, Arturo Toscanini, Zubin Mehta, Daniel Barenboim, Enrico Caruso, Plácido Domingo, José Carreras, Luciano Pavarotti, Maria Callas, en el ámbito de la música, y Rudolf Nureyev, Maia Plissetskaya, Mijail Barishnikov, Vladimir Vassiliev, Antonio Gades y los argentinos Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera, en el de la danza, han dejado su huella artística en el escenario del Colón. También las principales orquestas del mundo engalanaron su sala, entre ellas la Filarmónica de Viena, la Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Nueva York, la Filarmónica de Berlín y la Philarmonia de Londres.
El Salón Dorado, situado en el primer piso del complejo, era el sitio donde los caballeros y las damas de la Belle Époque porteña iban a hacer sociales, y a mostrarse, en los intermedios de las funciones de ópera o ballet. Hoy, luego de haber sido restaurado, mantiene su aire de distinción en las increíbles arañas y en su refinado mobiliario.
Declarado en 1989 “Monumento Histórico Nacional”, el Teatro Colón se ofrece hoy para los degustadores de las manifestaciones artísticas de alta calidad pero también para aquellos profanos que sólo desean admirar otra de las maravillas de la Argentina.
A riesgo de tropezar, el visitante se ve tentado a mirar siempre hacia arriba para apreciar los detalles de un edificio que nada tiene que envidiar a los palacios europeos más renombrados.
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El Teatro Colón ofrece visitas guiadas todos los días de lunes a lunes, inclusive feriados. Horarios: de 09.00 a 17.00 hs. Duración: 50 minutos. Las visitas salen cada 15 minutos, en grupos de 30 personas como máximo. Tienen un costo de $ 30 para argentinos residentes y $ 110 para extranjeros.
Para más información: http://www.teatrocolon.org.ar/es/index.php?id=visitas







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